COLOR VERDE MILITAR

Ayer vi una foto. Quizás ese no sea el comienzo que esperabas pero, por una vez que quiero ir al grano...

Una chica morena, de unos 14 años, tirada en el suelo. Sudadera color verde militar, unos pantalones negros y una sonrisa impresionante, llena de luz y de alegría. Me encantaría saber cuál era el motivo por el cual en aquel instante sonreía de ese modo, y me llena de impotencia el ser consciente de que, por mucho que lo imagine, nunca lo sabré.


Aquella chica de la foto estaba completamente rodeada de tréboles que, por supuesto, eran de tres hojas. Estaba tumbada en medio de un campo; y, si no recuerdo mal, su pelo largo ocupaba más parte de la fotografía que ella misma y que todos los tréboles de su alrededor.


Justo en el centro de eso a lo que llamo fotografía pero que, para qué engañarte, podría ser fácilmente un cuadro del mejor pintor del mundo, estaban sus manos. Las mangas de la sudadera le llegaban hasta los nudillos, supongo que por frío o por vergüenza, y casi no se podía ver que, entre las manos tenía un trébol. Un trébol que, aunque para ella era especial, supongo, no era más que el resto.


Me fijé en el resto de la foto. Dado a que me di cuenta de que esa chica a la que idealicé era como la mayoría, se conformaba con lo cotidiano; decidí dejar de darle importancia y admirar el resto de la foto. Bendito momento en el que tomé esa decisión.


Abajo a la izquierda, ese punto al que pocos miran supongo que porque no suele haber nada importante ahí, estaba mi inspiración. Fijándome bien lo encontré. Era especial, diferente, camuflado y quiero creer que esperando a que alguien como yo lo viera. Y lo ví. Tenía cuatro, tenía suerte, tenía algo que los demás no tenían, y estaba ahí despreciado y desperdiciado como todos. Apuesto a que ella ni siquiera se había parado a mirarlo. Pero yo sí. Un trébol de cuatro hojas, EL TRÉBOL ESPECIAL QUE TODOS BUSCAMOS.


Esta anécdota me aportó varias cosas. Me hizo ver que por mucho que busquemos, son las cosas, y sobretodo es la suerte, quien viene a nosotros. Por mucho que nos esforcemos en buscar por mil rincones aquello que deseamos, será en el rincón mil uno en el que aparecerá.

También confirmó mi teoría de que la gente suele conformarse con lo cotidiano, lo común y, por tanto, lo bueno. Y es que yo siempre he creído que lo diferente es lo especial, lo que aporta, lo que espero y lo que no paro de buscar.

Y por último me enseñó que las sudaderas color verde militar no combinan con los tréboles de cuatro hojas. 


~¥áiza~

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