La última vez

¿Has oído hablar de 'la primera vez'? -No malpienses que te conozco (que irónico)-.

Me refiero a la primera palabra; eso de "papá", "mamá" y un largo etcétera de palabras muy grandes que decimos de pequeños, tu primer beso, tu primer trago de cerveza de esa fresquita y buenísima que te sigue encantando, la primera vez que probaste ese manjar llamado chocolate o la primera vez que viste a la que hoy es tu persona favorita. Aunque no todas las primeras veces son buenas. El primer día en un cole nuevo nunca ha sido muy guay, ni la primera vez que fuiste al médico, la primera vez que oíste ese secreto que se esconde detrás de Los Reyes Magos -shh- y por supuesto tampoco te hacen sonreír el recuerdo de la primera vez que alguien te rompió el corazón.

Habías oído hablar de todo eso, ¿verdad? Por supuesto.


Pues como eso ya te lo sabes mejor que tú DNI (yo no me lo sé, así que no te preocupes porque no eres la única persona), yo voy a hablarte de otra cosa. ¿Entonces de qué sirve todo lo que te he contado antes? Muy fácil: de nada.


Apuesto a que esto poca gente lo menciona, casi nadie habla de las últimas veces. De las que casi nunca se escucha palabra, esas que hasta que no llegan, pasan desapercibidas. Pero llegan, llegan cuando menos lo esperas. Llegan y lo cambian todo; a veces lo arreglan y otras simplemente lo revientan. Arrasan con todo lo que hay y te dejan vacía de eso que antes tenías. Y sí, a veces traen buenas consecuencias, como la última vez que oíste hablar del coco cuando ya sabías de sobra que eso era un cuento para cobardes y te sentiste valiente. O cuando sentiste, también por última vez, que no te quería y ahora que sabes que te quiere como a nadie, te sientes libre y orgulloso/a de que aquella fuera la última vez.

Pero, como te he dicho anteriormente, no todo es bueno; es más, la mayoría de las últimas veces son de las que te dejan sin aliento para seguir. La última vez que le viste duele, duele porque ya no le has vuelto a ver y eso te mata, reconocelo. La última canción que te dedicó, dios es que ya no habrá más canciones VUESTRAS. El último helado del congelador que te dejaste guardado para ese día especial y, mala suerte, lo ha disfrutado otro. La última nota de tu canción favorita y el último segundo de la mejor película que has visto. Se acabó. Y aunque en las dos últimas puedes empezar de nuevo, las demás suelen ser imposibles de recuperar. Como el último beso que te dió antes de irse para siempre, o ese mensaje con el que se despidió de ti y cumplió eso de "no volveré".


¿Todo esto a qué viene? ¿Por qué me enrollo siempre? La verdad es que a lo segundo no tengo respuesta, pero a lo primero sí. Vengo a decirte que aproveches cada momento, que disfrutes de tu primera vez como si fuera la última, porque esta llegará. Vive como si fuera el último día, quiere como si fuera la primera vez y demuestra como si fuera la última vez que pudieras hacerlo, porque también llegará ese momento. Valora cada detalle, pero sobre todo valorarte a ti porque, como todo y todos, tú también tienes fecha de caducidad.


Y por favor, ayúdame a que nunca deje de existir el chocolate para que JAMÁS sea el último día que lo coma.

PD: Esto último ha sido una enorme metáfora.


~¥áiza~


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